sábado, 12 de noviembre de 2011

Mi primera media mrathon




Mitja marathó Sant Llorenç Savall.
Mi primera media marathón, y va y la hago por montaña, y además por el parque de Sant Llorenç del Munt. Reflexionando sobre el tema, no podía ser de otra manera. Mi virginidad en este tipo de carreras sólo podía perderse en este entorno o bien en algún lugar del Pirineo de Huesca o el Pallars, las zonas del mundo donde más a gusto me siento...aparte de casa obviamente.
Volviendo a la carrera, la afronto bien entrenado, pero justo la noche anterior no duermo bien, y voy cansado. Esto al final quizás fuera positivo (nunca lo sabré), ya que voy con miedo de no aguantarla por el cansancio y por el dolor de piernas que tengo desde la primera rampa, especialmente los gemelos. Por suerte, la rodilla no se queja hoy en ningún momento.
Pronto Carmelo, Raúl y Miquel se me van (este último en el primer avituallamiento, en el que me tomo una dosis de cafeína en forma de Coca Cola, a ver si me espabilo).
Me dedico a ir a mi ritmo, aunque voy muy cansado. No la voy a acabar-pienso. Pero la fortuna me acompaña y paramos cerca del río unos minutos por un atasco. Esto, lejos de cortarme el ritmo me salva la carrera. Recupero sensaciones, y cuando reanudamos, aunque en subida, el cuerpo se ha olvidado de dolores y cansancio....Y me dedico a disfrutar. Lento quizás, pero disfrutando del húmedo bosque, inhalando el olor a Otoño, con esas hojas de robles y encinas pudriéndose y preparando el suelo para el próximo año; admiro un pino descomunal cerca del río, centenario con toda probabilidad, adelanto a personas en las subidas duras; me avituallo con todo lo que pillo (hasta trozos de limón), sonrío; entablo conversación con un navarro afincado en Sant Boi y con un mecánico que tuve en Montornés con el que tratamos de los viejos tiempos y de si menganito sigue allá o si fulanito se ha ido; adelanto a Miquel en las estribaciones de la última subida fuerte, bastante roto el pobre. Muy a pesar suyo, esto me da moral, justo cuando el cansancio vuelve, en plena subida fuerte. Tiro de fondo –esto no es nada comparado con un tresmiles, Josep por Dios-pienso. Y es verdad, la subida es de sólo 200m, nada comparado con los mil y pico que solemos hacer. Y sigo adelantando gente que me habían pasado al principio, si bien me pasan como flechas los de la marathón.
La bajada es muy divertida, la misma que hice con Carmelo, pero me voy frenando. Sé que todavía queda, y no me fío de mí mismo. Y hago bien, porque después de esa bajada, volvemos a subir otra vez, esta vez más sencillo, pero ni cuerpo ni mente están preparados, por lo que se hace dura, muy dura y eterna. ¡Pero cae!
Ya sólo quedan 2 km, esto está hecho, pienso, mientras que tuerzo el tobillo, el malo, y un dolor insoportable me recorre la pierna izquierda cada vez que apoyo el pie. Voy cojeando unos 200 metros, pero me niego a admitir que tenga que abandonar ahora. Aprieto los dientes, rezando para que no me casque el pie, y sigo. Sólo hay un objetivo: llegar a meta.
Y el dolor remite. Y el cansancio, agazapado se queda, luchando por aflorar, pero a raya cuando aparece el pueblo, y la meta se vislumbra ya cercana, con mis nenas animándome. En ese momento me siento extasiado. ¡¡Lo he conseguido!!
Podría haber hecho la carrera en 15’ menos, estoy convencido, llevando mi cuerpo más al límite, pero no hubiese disfrutado. No estuve cansado el resto del día (es mucho menos duro que subir tresmiles e incluso estoy menos cansado que el día de Vic), pero curiosamente no pude dormir la noche tras la carrera porque las piernas me dolían horrores.

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